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El hombre acusado de homicidio en Mazarrón (Murcia) argumenta que disparó en autodefensa ante las amenazas de la víctima

TOTANA (MURCIA), 13 (EUROPA PRESS)

El acusado de asesinar de tres tiros a un hombre tras proferirle insultos racistas en un bar del paseo marítimo del Puerto de Mazarrón, en Mazarrón (Murcia), el 13 junio de 2021, ha afirmado este lunes, durante la segunda sesión del juicio, que disparó con la intención de “protegerse” tras recibir “amenazas de muerte” por parte de la víctima.

El hombre ha indicado que el día de los hechos llegó “bastante bebido” al establecimiento tras seis horas consumiendo alcohol y le dijo a una de las camareras que “salieran los moros que había detrás de la barra porque iba a venir la Inspección de Trabajo y se la iban a cargar”, pero ha negado que insultara a ningún cliente.

Después, según su relato, siguió bebiendo y la víctima se le acercó. “Me dijo que qué decía de los moros y que me iban a matar cuando me vieran por ahí solo”, ha dicho el procesado, que ha afirmado que desde hacía unos meses recibía amenazas de muerte, aunque no del fallecido, a quien solo conocía de vista, y que por eso llevaba un arma dentro de su bolso.

“Yo estaba ahí tranquilo, no sé por qué vino él”, ha manifestado el procesado, para señalar que, tras esa conversación con la víctima, “cada uno siguió a su aire”. Él, por su parte, continuó sentado en la terraza mientras consumía alcohol.

Ha indicado que si alguien en el bar le hubiera llamado la atención por su comportamiento se habría ido, pero nadie le dijo nada y continuó bebiendo durante “bastante rato”. Posteriormente se fue a su casa, a unos 15 o 20 minutos a pie, porque “ya entraba la noche” y quería cambiarse de ropa.

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En su vivienda se dirigió al armero con la intención de “coger las gafas”, que guardaba allí, junto a más pistolas, munición y otros objetos. Sin embargo, en uno de los vídeos tomados aquel día en la cafetería, que el jurado ha podido visionar, se puede ver al hombre con las gafas puestas antes de abandonar por primera vez el local.

“A continuación, bajé otra vez al bar a seguir bebiendo pensando que ya se habían ido”, ha manifestado el acusado, en referencia al fallecido y a sus amigos. “Una vez allí, saqué el arma –se dirigió a la víctima– y le dije ‘no vuelvas a amenazarme’; él se abalanzó hacia mí y yo disparé”, ha comentado.

Según el acusado, su intención “en ningún momento” fue matar a nadie, “pero salió así”, y ha recalcado que el fallecido pudo ver “perfectamente” el arma antes de ser detonada. Los disparos se produjeron “de manera instintiva” al ver que se abalanzaba hacia él, y todo “con la intención de protegerme”, ha apostillado.

Tras los disparos, “me quedé conmocionado y lo siguiente que recuerdo es cuando me detuvo la Policía”.

Respecto a la procedencia del arma, ha comentado que fue “herencia” de su padre, que se encontraba inutilizada por el Ejército del Aire y que no se podía disparar. Sin embargo, él mismo ha reconocido que la activó “meses anteriores” a los hechos al colocarle un cañón que compró por Internet. La rehabilitó “por gusto”, a sabiendas de que no es legal.

En la vivienda del enjuiciado se hallaron otras armas: para una de ellas, de más de 100 años de antigüedad, no tenía licencia, pero la guardaba porque “tenía pensado sacarme el libro de coleccionista”; y las otras dos solo detonan, esto es, hacen “ruido”, pero no disparan y no pueden herir.

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“En ningún momento he tenido la intención de matar a nadie, desgraciadamente ha sucedido así”, ha comentado, para añadir que lo siguiente que recuerda es que vio a unas personas en la playa y les preguntó, con el arma aún en la mano, quiénes eran, a los que estos respondieron: la Policía. Él, seguidamente, y según su relato, se tiró al suelo.

Ha manifestado que no recuerda si después lo llevaron al hospital, pero sí que llegó la Guardia Civil y le trasladaron a la vecina localidad de Totana. Al principio se acogió a no declarar, pero ha asegurado que “desde el primer momento” dijo que había sido él el causante de la muerte.

“La bebida fue detonante, si no yo no hubiera sacado ni exhibido un arma y menos en un sitio público con tanta gente”, ha comentado, y ha insistido en que “quería asustar” a la víctima, “que me dejaran de hostigar”, pero no acabar con su vida.

A preguntas de su letrado, el acusado ha negado que dijera que no quería ver marroquíes dentro del bar, sino que comentó que “si venía la Inspección y los pillaban dentro se la iban a cargar”. “Ha habido marroquíes todo el tiempo y en ningún momento he tenido problemas con ellos”, ha enfatizado.

VERSIÓN DE LOS TESTIGOS

Todos los testigos que han declarado este lunes han coincidido en que el acusado profirió durante toda la tarde expresiones racistas y, contrariamente a lo que él ha declarado, no mostraba síntomas de embriaguez, aunque sí tenía una actitud “muy rara”.

También han aseverado que la víctima no tuvo tiempo de huir al ver el arma apuntándole porque todo fue “muy rápido” y no hubo lugar a forcejeo.

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Una de las camareras ha manifestado que el supuesto agresor, cliente habitual del bar, estaba aquella tarde “super raro, nervioso, con ganas de liarla” y “lo tuvimos que echar porque no paraba”. Sin embargo, el hombre salió a la terraza, en la que también estaba la víctima junto a unos amigos, y se sentó en una de las mesas.

El fallecido, que se encontraba “en plan de amigos, a su rollo”, escuchó a las camareras quejarse y se acercó hasta el hombre, “Si no te gustan los moros coges y te vas”, le dijo, según la trabajadora. El procesado “no dijo nada y a los cinco minutos se fue sin pagar”.

Al cabo de una hora, “volvió por detrás” y le dijo a la víctima, a unos pocos metros de distancia: “Esta va a ser la última vez que me vas a vacilar tú a mí”. Acto seguido “dispara en el cuello” al agredido, que se levanta, para volver a dispararle dos veces más.

La víctima “estaba tranquila, era muy buen zagal”, ha comentado la camarera, que ha querido destacar que el procesado “estaba bien, como siempre, hablaba perfectamente, andaba normal”, por lo que no intuyó síntomas de alcohol, aunque sí “estaba inquieto, como que tenía ganas de jaleo, de pelea”.

Una de las personas que estaba sentada en la misma mesa que la víctima, amigo de ésta, ha declarado que el acusado dijo en algún momento de la tarde que aquella noche se iba a “cargar un moro”, y que antes de dispararle le espetó: “Levántate, moro de mierda”.

“Esta persona iba super bien y no pudo sentirse amenazado. Le dio por ir a por él, podría haber tocado a cualquiera”, ha manifestado.


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